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NÜM 4

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5. GRABACIÓN Y ANÁLISIS DE UN ESPECTÁCULO

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5.1 · En un lugar del verso: el Quijote de Ron Lalá


Por Héctor Urzáiz
Universidad de Valladolid
 

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A propósito del didactismo de este montaje, cabe mencionar que Álvaro Tato ha participado recientemente en un curso de la Universidad de Valladolid titulado Retablillos y tinglados en verso para una Educación teatral (Facultad de Educación, abril de 2015, dir. Gema Cienfuegos) y que su intervención versó sobre el tema “Ron Lalá y el teatro para un público futuro”, centrado precisamente en las controvertidas cuestiones a las que nos hemos referido. Algunos estudiantes de posgrado de la Universidad de Valladolid que participaron en este curso le entrevistaron en relación justamente con este asunto del teatro y sus potencialidades educativas, formativas y pedagógicas. Extractamos aquí algunas de las impresiones recabadas por parte de estos alumnos al responsable literario de Ron Lalá4.

Un Álvaro Tato que reconocía, al respecto de la nutrida presencia de jóvenes en sus representaciones, que pretenden captar a ese público, inocularle el veneno del teatro y hacerle perder el miedo reverencial a un clásico: “Sinceramente, lo que esperamos es llenar de gente, y gente joven, los teatros”. Consciente de la responsabilidad que acarrea lanzar al público joven una propuesta de lectura de una obra tan canónica como El Quijote, el ronlalero encargado de la parte textual del espectáculo explica:

Por eso terminamos con ese número en el que acabamos diciendo: “Diremos un secreto / a lectores y lectoras / El Quijote completo / duraría veinte horas”. Es decir, aconsejamos al público que si quieren vivir las aventuras de verdad deben leerlo. La mayoría de la gente entra asustada, pensando que no van a entender nada […] A esta gente, es muy gratificante demostrarles que no, que los clásicos son muy divertidos. Y este tipo de recursos son un ancla. Les decimos: “No te preocupes que mucha gente no se ha leído El Quijote”.

El número final al que se refiere Tato es esa “fantástica propina a pie de página, donde hacen relación pormenorizada de nombres y de episodios omitidos” (Vallejo, 2013, 8), ya que reconocen los ronlaleros que a su función “le falta alguna aventura” y que “hubo que hacer un resumen, con permiso de Cervantes”. Se trata de un donoso (y divertidísimo) escrutinio en que se hace detallado recuento –por medio de la “quijotesca hazaña de cantar notas al pie”– de todos los episodios famosos que se han caído de su antología:

Aunque odiamos la censura,
hubo que meter tijera:
estas son las aventuras
que nos han quedado fuera.

 

Y lo que no les ha cabido es “Maritornes y el ventero, / Roque con sus fieros bandoleros, / Angulo el Malo, Cardenio […] Grisóstomo y Marcela, / el buen caballero del Verde Gabán / […] Zoraida bella mora, / la hermosa Altisidora / Juan Haldudo el forzudo, / el pobre niño Andrés, / Ginés de Pasamonte, / Ginesillo después”, nada menos: “Al principio es como si te arrancaran la piel a tiras”, reconoce Tato, “pero luego te das cuenta de que es necesaria la síntesis”5. Y también se les quedaron fuera:

el épico combate
con los cueros de vino,
la venta del camino
[…] las bodas de Camacho
[…] el manteo de Sancho,
los trescientos azotes,
la historia del cautivo,
la del barco encantado
[…] la Arcadia fingida,
las Cortes de la Muerte,
la novela ejemplar
del Curioso impertinente

Y en el cedazo se quedan también “los cuentos, los refranes, / los versos, las canciones, / y los grandes bostezos / de los fieros leones”. Y etecé, etecé, como dice (sic) la nota al pie. Así pues, “quien quiera el Quijote entero / que lo compre y se lo lea…”.

Tras esa exigente criba textual, el resultado es –coincidimos con la opinión de Marcos Ordóñez– “una versión enérgica y respetuosa del clásico que roza la proeza: ahí es nada destilar el Quijote en hora y media”. Esa destilación se configura como “un centón de aventuras”:

Desde el bachiller Sansón Carrasco, luego Caballero de los Espejos y su colega de la Blanca Luna, y Teresa Panza, y Tomé Celial, y un Vizcaíno carlistón y fan del Atleti, nos hacen visitar la cueva de Montesinos, y la ínsula Barataria, y montar a lomos de Clavileño, y qué sé yo cuántas historias más. (Ordóñez, 2014, 18)

Ese requeté vizcaíno en realidad es hincha –como le corresponde– del Athletic Club de Bilbao, ya que el Atleti es el de Madrid. El Madrid de ese barrio de Lavapiés donde ahora se gana la vida (“te libera el móvil / y te lo vende otra vez”) Cide Hamete Benegeli, el narrador árabe a quien Cervantes atribuye la historia de don Quijote. Tiene razón Ordóñez en que

siempre habrá quien eche en falta otras peripecias, pero ya bien dicen al final, en una tonada concebida como jocosa nota a pie de página: «Como hay tantos personajes / y no entran los que uno quiere / aunque nos daba coraje / tuvimos que hacer un ERE». (Ordóñez, 2014, 18)

A cambio de lo que cortan, los de Ron Lalá han sabido repescar otros valiosos materiales cervantinos: por ejemplo, los célebres ovillejos “Desdenes, celos y ausencia […] Muerte, mudanza y locura” que dice Cardenio en el capítulo XXVII del Quijote (y que Cervantes sacó también en La ilustre fregona). O la dedicatoria al conde de Lemos del Persiles, ahora utilizada para la hermosa escena de la despedida del hidalgo:

Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
esta carta yo os escribo.
[…]
El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir. […] ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!



4 Les agradezco a Víctor Gutiérrez, Irene González y Paulo Camodeca la aportación a las presentes páginas de su trabajo, surgido en un curso de posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UVa. De los estudios de Periodismo de esta misma facultad nació el programa de radio en internet La Milana Bonita, dirigido por el propio Gutiérrez, donde también se ha entrevistado recientemente a Álvaro Tato (lamilanabonita.com/2015/09/06/alvaro-tato-entrevista-teatro/ ).

5 Explican los actores que su método de trabajo es al estilo de “una mesa [italiana] de guionistas, también para la música”, donde llevan a cabo una reducción a lo esencial: “Juntas los elementos y los pones a jugar e interconectarse entre ellos. Echas todos los ingredientes y empiezas a remover, a ver a qué empieza a oler, buscando acuerdos sobre las líneas fuertes del espectáculo, las ideas de fondo a las que agarrarnos”. A partir de ahí empieza el tratamiento textual, “con respeto pero no con reverencia”, buscando dar cabida a los cuatro grandes elementos que a su juicio contiene el Quijote: “el filosofal, el humor, las aventuras y las canciones”.

 

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