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Efemérides

Antes de Almagro

10.7.1977
Antes de Almagro

“Decía Louis Jouvet que el teatro clásico español no existía, porque no se representaba”. Así comenzaba un artículo del crítico Enrique LLovet (quien, por cierto, habría cumplido un siglo en 2017) en el verano de hace cuarenta años.

Jouvet, en su libro Témoignages sur le théâtre (Editions Flammarion, 1952), decía:

“En España y en los países de lengua española, un repertorio dramático que es uno de los más bellos, si no el más bello de lo que se constituyeron en el siglo XVI, aquel que nos legan Tirso de Molina, Lope de Vega y Calderón es hoy un teatro muerto, si se compara con el de Corneille, Molière o Racine, aún vivo y representado. Olvidado por su público, el teatro español ha perdido el brillo de su representación y de sus ceremonias.

Esta decadencia, este menosprecio aparente de sus comediantes y de sus gentes de teatro, esa despreocupación por las obras maestras del Siglo de Oro, no tienen otra causa que la ausencia de crítica o de conversación en el momento en el que esas obras han sido creadas.

Privado de las polémicas y de los exámenes que se infligían a los primeros ensayos de Corneille o de Molière, de las intrigas que soportaba Racine, el teatro español cayó rápidamente en el olvido. Hoy está caduco para los comediantes y para el público.

Las mil ochocientas piezas de Lope de Vega no hay una que haya guardado en España el favor que conservan entre nuestro público las doce piezas de Racine. Y, por una curiosa consecuencia, Molière, en toda América latina, es más conocido que Calderón. El teatro español está muerto por falta de cuidados.”

También se ha traducido “manque d’entretien” como “falta de conversación”, lo cual tiene sentido si se relaciona con otro párrafo de este escrito, una primera conclusión a las consideraciones anteriores: “Así que hay que hablar de Teatro. Hay que dejar hablar a aquellos que, amigos o adversarios, profesionales o estetas, sienten la necesidad de hablar de ello.”

En aquel 1952 en que escribía Jouvet, apenas las producciones de Cayetano Luca de Tena en el Teatro Español y la permanencia de El alcalde de Zalamea en algunas compañías de repertorio, como la de don Enrique Borrás, podían contradecir sus asertos.

Don Enrique Llovet usaba la cita del gran director francés en el verano de 1977 para saludar, en su crítica del diario El País, el paso por Madrid, por el recién inaugurado Centro Cultural de la Villa - de la compañía Corral de Almagro, con El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, en versión libre de Hermógenes Sáinz. César Oliva dirigía aquella producción y contaba con Antonio Malonda como director adjunto, con  Juan Antonio Molina para la escenografía y con la música de Luis Mendo. Los nombres de los intérpretes nos dan una idea de lo ambicioso de este proyecto: María Jesús Sirvent, Isa Escartín, Paca Samper, María José Fernández, Fernando Cebrián, Guillermo Marín, Miguel Palenzuela, José Caride, Félix Navarro, Francisco Olmo, Juan Meseguer, Miguel Ángel Rellán, Miguel Monrobal, Yolanda Monreal, Olvido Lorente y Carlos Casado. Se trataba de una iniciativa que tenía como objetivo acabar con aquella situación, que duraba ya algo más de un par de siglos, en la que el gran repertorio del Siglo de Oro español era algo muy esporádico en nuestros escenarios.

En aquel verano, José Antonio Campos Borrego, subdirector general de Teatro (todavía dependiente del Ministerio de Información y Turismo, pasaría en unas semanas a pertenecer  al recién creado Ministerio de Cultura) anunciaba la creación de la Compañía Corral de Comedias. Su creación se anunció en Ciudad Real, ya que sus primeras producciones, El caballero de Olmedo y una versión de Jerónimo López Mozo de La lozana andaluza, tenían previsto su estreno en el Corral de Comedias de Almagro. El director de la compañía era César Oliva. Anunciaban, además, la celebración de unos encuentros sobre teatro clásico en Almagro en aquel septiembre. 

La compañía Corral de Almagro fue, pues, un intento de crear una compañía pública de teatro clásico. Sobre aquel proyecto existe un librito de ochenta y dos páginas, Corral de Almagro: una propuesta sin resolver, que se editó en 1977. Corral de Comedias tuvo una vida efímera, pero el objetivo estaba claro y se iba a llegar a él por otros pasos. Aquellas jornadas que se anunciaron se celebrarían en septiembre de 1978 y serían la piedra angular del Festival de Almagro, del que César Oliva fue su primer director de 1983 a 1985, ya que hasta 1983 el Festival dependió de la estructura de Festivales de España. Y en Almagro, en 1986, nacería la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

En estos últimos días de julio, Natalia Menéndez está presentando los últimos espectáculos de la cuadragésima edición del Festival de Almagro. El lugar que ocupa hoy el teatro del Siglo de Oro en el imaginario cultural de nuestro país es muy claramente otro. Hoy, las palabras de Louis Jouvet, felizmente, han dejado de tener sentido, gracias al empeño de muchos profesionales de la escena de nuestro país. El Corral de Comedias de Almagro es el icono en el que se resume ese cambio espectacular. Pero ningún cambio es para siempre. Es menester seguir trabajando para no caer de nuevo en esa “manque d’entretien”.