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Carlo Monte, 1939

Teatro Infanta Isabel de Madrid, 16.6.1939
Carlo Monte, 1939
En junio de 1939, Enrique Jardiel Poncela y Jacinto Guerrero estrenaron la opereta Carlo Monte en Montecarlo.

El 16 de junio de 1939, hacía poco más de dos meses que se había dado por terminada la Guerra Civil en España; y apenas 15 días desde que la Legión Cóndor había regresado a Alemania. En una de las publicaciones del Centro de Documentación Teatral, Documentos para la Historia del Teatro español, podrá el lector acercarse a lo que era el ambiente del Madrid de aquellos días, que vivía entre el alivio de no oír caer más bombas y la congoja de varias decenas de fusilamientos diarios. En medio de este ambiente, en el Teatro Infanta Isabel se estrenó una de las operetas más divertidas que se han escrito en nuestro país: Carlo Monte en Monte Carlo, con libreto de Enrique Jardiel Poncela y música de Jacinto Guerrero.

Conservamos en la biblioteca del Centro (ya somos el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música) el teatro completo de Enrique Jardiel Poncela que se publicó en 1973. También los volúmenes que han sido más populares entre las muchas ediciones de sus obras, los de Biblioteca Nueva, en los que encontramos las obras agrupadas según el criterio de Jardiel y con prólogos llenos de información y tan rebosantes de genio como toda su escritura. Nos acercamos a uno de esos volúmenes para conocer por el propio autor las circunstancias de la creación de Carlo Monte en Monte Carlo y de su posterior estreno.

En aquel volumen - titulado Dos farsas y una opereta, que incluía Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Carlo Monte en Monte Carlo y Un marido de ida y vuelta -, Jardiel confiesa que no ha sabido ahorrar: primero porque pensaba que iba a moriri joven; segundo, porque le parece un disparate darle al banco el dinero ganado con tanto trabajo para que el banco lo tenga porque sí. Nos cuenta que en una ocasión abrió una cuenta y que la cerró en seguida, al darse cuenta de que el banco tenía siempre su dinero y él podía deiponer de él solo unas horas al día.

La solución para todo ese dinero que ganaba y no tenía tiempo de gastar la encontró en dos palabras. MONTE CARLO.

Nos cuenta Jardiel que el casino de Monte Carlo es para él un lugar tan familiar como el café Gijón y el célebre bar Chumbica de la Glorieta de Cuatro Caminos. Jardiel enumera los más conocidos casinos del mundo, desde Montevideo a Niza, pasando por San Remo, Nueva York o Chicago, donde fue dejándose las ganancias de todos sos éxitos en el teatro. Asiduo del famoso casino de Monte Carlo, Monsieur Ponselá era conocido allí como “Le petit espagnol” – Jardiel era bajito – por todo el personal del establecimiento. Como jugador valiente al que no le importaba el dinero, Jardiel se dejó muchas de sus ganancias en aquellas mesas de ruleta o bacarrá.

Jardiel recuerda que un amigo le sugirió escribir una opereta que mostrase todo ese ambiente en una visita a Monte Carlo en el otoño de 1933; y cómo volvió a pensar sobre ello un par de años después y desechó la idea por la pereza de “bregar con un músico”. En agosto de 1937 se volvía a encontrar en Montecarlo, en esta ocasión en circunstancias muy diferentes. Al comenzar la guerra estaba en Madrid. El trato que recibe en esos días inclina su pensamiento al bando franquista y tras circunstancias difíciles consigue tomar un barco en Barcelona con destino a Francia. Se encuentra en un café de Monte Carlo, con un contrato que lo puede llevar a Argentina en el bolsillo. Volvía a pensar en la obra. Jardiel viaja a París, de ahí a Boulogne, para embarcar rumbo a Buenos Aires, donde la casualidad le lleva a vivir en el mismo edificio que el barítono español Sagi Vela. En la amistad que fraguaron sus encuentros sugió la propuesta de que le escribiese una opereta. Mientras tanto, Valeriano León estrenaba en el Teatro Cómico de Buenos Aires Angelina; y García León Perales hacía lo propio con Usted tiene ojos de mujer fatal en el Teatro Smart; y se llevaba al cine Margarita, Armando y su padre, que sería premiada en el Festival de Venecia. Pero el deseo de Jardiel era volver cuanto antes a España y así lo hizo, mientras que su nuevo amigo Sagi Vela viajaba a Estados Unidos.

Regresado a España, en San Sebastián lo encuentra el músico Jacinto Guerrero, que se interesa por aquel proyecto. En seguida se ponen a trabajar. Eran los últimos días de la guerra y proyectaron estrenarla en el teatro Cómico, en el Paralelo de Barcelona. Jardiel, visto el lugar y la compañía, convenció a Guerrero de un cambio radical: la estrenaría una compañía de comedia, sin cantantes ni bailarines. Jardiel regresó a Madrid y llegó a un acuerdo con Serrano, empresario del Teatro Infanta Isabel, donde se estaba representando en ese momento Las cinco advertencias de Satanás. El obstáculo era que tal vez el primer actor de la compañía, Rafael Rivelles, no se atreviese con una opereta. Jardiel habló con Rivelles y “se atrevió, porque un actor se atreve siempre a todo, a poco que le exciten el amor propio y el pundonor profesional”. El entusiasmo se contagió al resto de la compañía. Jardiel deja en sus páginas una de esas reflexiones suyas: “cantar es un deseo ancestral que raros seres humanos dejan de llevar dentro, y el convencimiento de cantar bien, una vanidad que duerme en lo profundo de cada alma; por ello, el borracho – a queen el alcohol pone el alma al descubierto – si no se lo impide el sentido crítico de los guardias, acaba cantando por todas las calles.”

¿Por qué decide Jardiel hacer su opereta con actores “de prosa”? Una interesante opinión de hace ochenta años sobre la profesión: “El intérprete lírico es casi siempre un pésimo actor; no sabe hablar, ni moverse, ni actuar. Influido quizá por lo que le ve hacer al músico, no le da importancia al libro.”

Jardiel nos cuenta sus trabajos y dificultades como director de escena para meter una opereta en el Infanta, con un escenario “calculado especialmente para monólogos”: las dificultades para hacer ensayos con decorado antes del “ensayo general con todo que debería llamarse ensayo general sin nada. Así, la víspera del estreno, lo único general era la confusión y la falta de cosas y detalles.”.

Llegó el estreno, el 16 de junio de 1939. La opereta de Jardiel y Guerrero contó con un impresionante reparto: Isabel Garcés, Joaquina Almarche, Julia Lajos, Mercedes Muñoz Sampedro, Concha Sánchez, Miqueli Pinaqui, Uti Viñafañe, Tina Jiménez, Luisa Landete, Concha Fernández, Luisa Torres, Rafael Rivelles, José Orjas, Rafael Bardem, José García, José María del Val, Armando Calvo, Luis Rodrigo, Adriano Domínguez, L. Torres Esquer, José Castillo, Antonio Ayora, Antonio Baca, Eugenio Box y Gabriel Salas.

El estreno de la obra, a pesar de algunos condicionantes técnicos que retrasaron el ritmo del segundo acto, resultó un éxito clamoroso. Ya en el inicio, los aplausos del público al primer cuadro llevaron a un bis completo de esa parte de la obra. El público, diría Jardiel, había ya entregado la llave del éxito. El dramaturgo no ahorra elogios a la interpretación, “aunque insegura, excepcional en todos, y al frente de todos, Isabel Garcés, Rafael Rivelles, Bardem, Orjas y Julia Lajos”. Semejante era el elogio de la partitura.

El propio Jardiel reconoce que la crítica puso la obra por los suelos. En el prólogo que venimos citando en esta nota, Jardiel se entretiene en enumerar aspectos que podían haber criticado y otros que podían haber elogiado, para después desmontar las críticas que se hicieron, que acaba resumiendo en “incongruencias, toninadas, estupideces, groserías y mentiras”. Para terminar dejando noticia de que la obra, estrenada en el verano tórrido de Madrid, a los dos meses de terminada la guerra, alcanzó cien representaciones seguidas.

Esta opereta es de las obras menos representadas de toda la producción de Jardiel. Solo tenemos noticia de otra producción, en 1996, en el Teatro Español de Madrid.

Otra joya que conservamos en el Centro es el libro que publicó el Teatro Español de Madrid en 1996: nada menos que un facsímil del manuscrito de Jardiel, con sus tachaduras y sus cambios. Otro modo de conocer su trabajo. Recomendamos especialmente, para quien no conozca a Jardiel – esta web llega a rincones del planeta que no habíamos imaginado – el excelente documental de la serie Imprescindibles de RTVE.