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Efemérides

Conchita Montes y Fernando Fernán-Gómez ensayan “Mi querido embustero”.

2.4.1962

Conchita Montes Conchita Montes


El diario Informaciones del 2 de abril de 1962 nos ofrece una fotografía ilustrada con este titular: “Sorprendidos en un ensayo”. La temporada de invierno llega a su fin y se prepara lo que en aquellos años se convertía en un acontecimiento: los estrenos del Domingo de Resurrección, tras los días de silencio de las celebraciones religiosas. Conchita Montes y Fernando Fernán-Gómez se dejan “sorprender” en la casa de ella, en los primeros ensayos de lo que será uno de los mayores acontecimientos de aquel año 1962: Mi querido embustero, de  Jerôme Kilty, basado en el epistolario de Georges Bernard Shaw y la actriz Patrick Campbell. Con el tiempo, encontramos en ese espectáculo otra circunstancia especial: fue el único encuentro de estas dos figuras fundamentales de nuestra escena como actores en el teatro – ya habían trabajado juntos en cine: “Domingo de Carnaval” y “El último caballo”, de Neville - , si bien Fernan-Gómez dirigiría a Conchita Montes en “Cocó” en 1964.

Así que, en estos días, se produjo el encuentro en los escenarios de las que tal vez fueron las dos personalidades más brillantes de ese tiempo: Conchita Montes y Fernando Fernán-Gómez.

En su necrológica, en octubre de 1994, el crítico Haro Tecglen afirmaba que su cabeza  fue la más lúcida entre las mujeres del teatro y del cine español de posguerra. Jugaba Haro con una paradoja: “Conchita Montes no fue una buena actriz; pero fue una excelente primera actriz. No creo que haga falta explicar esta paradoja: tenía un defecto de dicción, interpretaba siempre el mismo papel, pero... cuando estaba en escena, borraba a todos los demás. El escenario era suyo. Ésta es la condición de muchos que nos parecen grandes, actores y actrices, y son simplemente capaces, pero con un atractivo y una calidad personal fuera de toda discusión. Puede que eso sea el teatro, más que una escuela de gestos y voces.” Destacó Conchita Montes en su época por su nivel intelectual: licenciada universitaria, dominaba el inglés hasta el punto de traducir numerosas comedias y de llegar a interpretar en Londres, con actores ingleses, “El baile”, la obra de su compañero Edgard Neville que en 1952 había supuesto el mayor éxito de ambos y que más tarde pasaría al cine y a la televisión.

Sobre Fernán-Gómez sigue corriendo una frase entre los actores españoles: “hay actores malos, regulares, buenos, muy buenos y Fernando Fernán-Gómez”. A su maestría indiscutida como actor sumó una treintena de estrenos como director de escena y una docena de títulos como autor, entre ellos uno de los títulos más importantes de la literatura dramática española en la Democracia, “Las bicicletas son para el verano”.  Por supuesto, su labor en el cine – 27 películas como director y 197 como actor – es la que le ha otorgado una mayor popularidad. Junto con sus obras de teatro, sus artículos, novelas y memorias lo convirtieron en académico de la Lengua. En la sección Con Acento / En el recuerdo de la Revista Digital de la Escena 2007 ofrecimos un homenaje a Fernán-Gómez con una galería de fotos. Su voz inconfundible forma parte de la colección El eco de las voces.


El Centro no cuenta en sus fondos con ninguna fotografía de aquella función, por lo que ilustramos esta nota con dos retratos de los actores en aquel año (Archivo CDT) y una caricatura realizada por Ugalde (Retratos en Blanco y Negro / CDT – ABC) con motivo de aquel estreno.

Otra gran figura de la escena trajo a nuestros escenarios esta obra de Jerome Kitty, cuarenta años después: la gran actriz argentina Norma Aleandro interpretó la obra en España con Sergio Renan durante una larga gira en 2004 y 2005

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