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El Tartufo de Llovet y Marsillach.

Teatro de la Comedia de Madrid, 3.10.1669
El Tartufo de Llovet y Marsillach.
Adolfo Marsillach estrenaba el 3 de octubre de 1969 una polémica versión de la comedia de Molière con un éxito histórico.

“Le hablé a Fraga de esta adaptación del texto de Molière y añadí, adelantándome a los acontecimientos:

-¿Cree usted que puedo tener de nuevo problemas con la censura?

-¿Con Molière? Ninguno, ninguno.

-Es que…

-¿Qué?

-Que en la versión de Enrique Llovet la obra, en vez de ser una denuncia de los jansenistas, se convierte en un ataque a los opusdeístas. Al Opus Dei… ya sabe…. Al nuestro… al de aquí.

-Ya.

-En este caso…

-Nada, en este caso, nada. Mire, Marsillach, a mí no solo no me molesta que se metan ustedes con el Opus, sino que me divierte.”

Así cuenta Adolfo Marsillach en sus memorias – Tan lejos, tan cerca, Tusquets, 1998 – su conversación con el entonces ministro de Información y turismo.

Como “un formidable ataque a los hipócritas” definía Enrique Llovet El Tartufo. LLovet fue el autor de la versión que estrenaba Adolfo Marsillach en el Teatro de la Comedia de Madrid el 3 de octubre de 1969. Marsillach, que contó con Francisco Nieva para la escenografía y figurines y con Pedro Luis Domingo para los arreglos musicales, encabezaba además el reparto – aquel Tartufo sería también uno de los hitos en su carrera como actor – integrado por Charo Soriano, Teresa del Río, Julia Lorente, Carmen de la Maza, José María Prada, Francisco Melgares, Antonio Iranzo, Gerardo Malla, Enrique Cerro, Francisco Balcells y Silvia Vivó.

La crítica dejó noticia del enorme éxito y la recepción entusiasta del público, al tiempo que auguraba una larga temporada con llenos en el Teatro de la Comedia. Aquel 3 de octubre, Marsillach declaraba a un periodista “El miedo que tenemos todos no cabe en el teatro”. Eso que no se sabe hasta que no se estrena. Efectivamente, la obra llegó hasta final de junio de 1970. Cuatrocientas setenta y dos representaciones con más de ciento cincuenta carteles de “no hay billetes”.

La crítica, más que en el aspecto político, por razones obvias, insistió en otra cuestión que daba para la polémica: la arriesgada versión y montaje, muy poco fiel al texto original. “He hecho una versión nada fiel al texto escrito por Molière. He respetado el esquema de las situaciones originales y, en general, el de los caracteres. Creo, deseo, espero haber sido fiel al espíritu y a las intenciones de Molière. (…) Desde la primera palabra hasta la última han sido ajustadas a una forma coloquial que se acerca, o quiere acercarse a nuestro tiempo”.

Sobre este aspecto, Marsillach hacía una reflexión unos meses después del estreno en la revista Primer acto, en su número 118, que son más valiosas por cuanto quien las dice será, quince años más tarde, el fundador de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Más o menos, las repite en sus memorias. “Un clásico es un autor con la etiqueta de ‘pesado’ en el lomo de sus libros…”

La conversación con el ministro había quedado muy atrás: el 29 de octubre de 1969 cambió el gobierno por otro en el que más de la mitad de los ministros, hasta once, eran miembros o simpatizantes del Opus Dei. Fraga, ya cesado, fue a ver la función y saludó a Marsillach: “vengo a ver este espectáculo que dicen que he organizado con ustedes”.

Marsillach comenta en sus memorias, acerca de la recepción de la obra, algo que hemos oído en otras ocasiones, como un efecto contrario al deseado por la censura: “El público veía y oía más cosas de las que en realidad hacíamos y decíamos.”

Marsillach relata cómo, tras la temporada de Madrid, la gira apalabrada se vino abajo. La obra no estaba prohibida, pero al parecer alguien había hecho las llamadas telefónicas oportunas. Y en ese momento, con la gira deshecha, apareció en Madrid Álvaro Custodio y les propuso una gira por América. Aunque dejó el proyecto en México, el caso es que aquel Tartufo recorrió México DF, Guadalajara, Morelia, San Luis de Potosí, Puebla, Querétaro… tras lo cual otro representante les organizó una gira por Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Perú, para acabar desembarcando en el teatro Avenida de Buenos Aires. Era ya 1971.