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Efemérides

La Grande

Madrid, 17.4.1867
La Grande
María Guerrero cumple ciento cincuenta años

 Esta semana, el Centro Dramático Nacional ha desarrollado una serie de actividades para celebrar que María Guerrero nacía un 17 de abril de 1867 en el número 23 de la calle Caballero de Gracia. La gran actriz fue dueña durante dos décadas del entonces llamado Teatro de la Princesa, donde tuvo además su casa. Aquel teatro tomó el nombre de la actriz poco después de su muerte y, con el tiempo, se convirtió en la sede del Teatro Nacional y más tarde del Centro Dramático Nacional.

La niña María era hija de Ramón Guerrero, tapicero de buen oficio que servía el mobiliario y atrezzo de varios teatros de Madrid. Emilio Mario trataba de dar a sus funciones en el Teatro de la Comedia el mayor verismo posible en estos aspectos. Guerrero hizo buena amistad con Mario, quien pagaba su buen oficio con tres duros diarios y un palco en el Teatro de la Comedia para todas las funciones. María asistía a menudo a ese palco desde chica, al tiempo que recibía una esmerada educación en el colegio San Luis de los franceses. El buen tapicero prosperaba y compró un edificio en la calle Clavel, cuyos pisos altos alquiló a algunos pintores; entre ellos, Emilio Sala, a quien debemos un bello retrato de María niña.
El caso es que aquel palco de la Comedia y la amistad con artistas que su padre cultivaba inclinaron muy pronto a María. A los diecisiete años le dijo a su padre que quería ser cómica. Al día siguiente, su padre le había buscado una maestra insigne: Teodora Lamadrid. Al año siguiente, ya debutaba en el Teatro de la Comedia con una comedia de Miguel Echegaray, el hermano del que llegaría a ser Premio Nobel de Literatura y gran amigo de María. La muchacha, alegre y petillante, se convirtió pronto en protagonista de comedias elegidas a su medida que se contaban como éxitos. La primera actriz dramática era doña Elisa Mendoza Tenorio, que se retiró para casarse en 1886. El puesto no fue para María, pues Emilio Mario no la veía preparada. No gustó la decisión ni a la hija ni al padre. La hija dejó la compañía y el padre quiso que dejase el teatro. No fue ese el empeño de María ni de su maestra, que siguió dándole clases en secreto. En 1890 ingresa en la compañía del Teatro Español como primera actriz. Fue un año de fracasos, de malas críticas, que acabó con el despido de María. La solución fue Paris, a donde se dirigió toda la familia. La buena formación escolar permitía a María estudiar en un correcto francés con el actor Benoit Coquelin. En 1892 regresa a Madrid y a la compañía de Emilio Mario, a la Comedia. Y ahí llegó su primer momento histórico: el estreno de Realidad, de Galdós. Terminó aquel año con el estreno de Mariana, de Echegaray, un grandioso éxito. Siguieron La Dolores, de Feliu y Codina, La loca de la casa, de Galdós…
María Guerrero fue una de esas actrices que toman el mando de su vida. Así, en 1894, con apenas veintisiete años, le pide a su padre que opte al concurso del Teatro Español y se convierte en empresaria del teatro municipal de Madrid. Como el viejo teatro estaba que se caía y hubo que meterse en obras, los Guerrero alquilaron un precioso teatro que estaba casi en el final de aquel Madrid de final del siglo XIX. El teatro de la Princesa, donde estrenaría Maria Rosa, de Guimerá, en traducción castellana de Echegaray. Así se unieron por primera vez el edificio que hoy es sede histórica del Centro Dramático Nacional y la actriz que le da su nombre.
Estas líneas tienen como fuente la amenísima biografía escrita por Felipe Sassone en 1943: María Guerrero (La Grande), que se puede consultar en nuestra Biblioteca.