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Efemérides

Llega a España 'Los árboles mueren de pie', de Alejandro Casona

Teatro Bellas Artes de Madrid, 18.12.1963
Llega a España 'Los árboles mueren de pie', de Alejandro Casona

En abril de 2012 recordábamos en esta sección los cincuenta años del regreso de Alejandro Casona a los escenarios españoles con el estreno en el Teatro Bellas Artes de La dama del alba.

Alejandro Casona (1903-1965), había regresado a España tras más de veinte años de exilio. El dramaturgo que dejaba su país era un joven que veía su labor reconocida – su obra La sirena varada (1928) había obtenido el primer premio Lope de Vega y había sido estrenada con éxito en 1934 – y que había puesto en marcha uno de los proyectos más hermosos de la Historia de nuestro país en el siglo XX: las Misiones Pedagógicas. El hombre que regresaba era un dramaturgo maduro que había contado por éxitos sus estrenos en Argentina. A partir de su regreso, esas obras que fueron éxito en Argentina y en muchos otros países se pueden ver por fin en los escenarios españoles. Casona cosecha un éxito tras otro, no sin críticas, que, desde distintos puntos de vista, coinciden en señalar que esas obras pueden resultar ajenas – pese al aplauso con que son recibidas – al espacio y al momento que vive esa España de los primeros sesenta.

Así lo señalaba García Pavón en su crítica para el estreno de Los árboles mueren de pie, uno de los títulos más emblemáticos de Casona, que se pudo ver por primera vez en España el 18 de diciembre de 1963 en el Teatro Bellas Artes, el mismo lugar de su regreso con La dama del alba. En esta ocasión, el propio Casona se ocupaba de la puesta en escena, contando con la música de Isidro Maiztegui y la escenografía de Manuel López y Sigfrido Burman. El reparto, encabezado por  Lola Cardona y Luis Prendes – a quienes vemos en esta magnífica fotografía de Gyenes (Archivo CDT) , con la presencia de dos grandes veteranos como  Francisco Pierrá y Milagros Leal, se completaba con un elenco excelente: Antonio Martínez, Carmen Luján, Elena Montserrat, Esperanza Alonso, Fernando Guillén, José Santamaría, Manuel. Galiana y María Jesús Mayor.

El reproche de García Pavón no era a la gran calidad de la obra, de la que daba cuenta en su crítica, sino al hecho, ya repetido en aquellos días, de que se tratase de la reposición de un texto que había sido estrenado mucho tiempo antes: su estreno había tenido lugar en el Teatro Ateneo de Buenos Aires en abril de 1949, de modo que la obra tenía ya casi quince años. García Pavón se quejaba de que no oía la voz de Casona en el ahora de 1963. Al fin y al cabo, el autor contaba sesenta años y la escena española necesitaba escritores de calidad. Como ahora sabemos, Casona vivía sus últimos días, no un regreso a la vida de antes de la guerra.

Esta recepción de la obra de Casona, con un nuevo gran éxito, aplausos cerrados para el autor – que, en esta ocasión, compartió aquella noche de triunfo con la grandísima Milagros Leal, que llegó a pronunciar unas palabras de agradecimiento a aquellos aplausos del estreno desde la corbata – muestra con bastante exactitud la circunstancia de su regreso: admiración por el maestro, lamento porque no acaba de incorporarse a la realidad del país.

Aplauso al maestro. A su muerte, García Pavón revelaría una anécdota personal: había conocido su obra La sirena varada en el colegio. Había llegado a saludarle una mañana en la Residencia de Estudiantes, mientras Casona firmaba un autógrafo a una estudiante extranjera. Casona, con aquellos éxitos de los años sesenta, venía a decir lo que poco después explicara Max Aub: “He venido, no he vuelto”.

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