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Efemérides

Un éxito apoteósico de Marquina

Teatro Fontalba de Madrid, 10.2.1927
Un éxito apoteósico de Marquina
Margarita Xirgu encabezaba el reparto del estreno de 'La ermita, la fuente y el río', de Marquina, en 1927.
La figura de Eduardo Marquina (Barcelona, 1879 - Nueva York, 1946), uno de los autores de mayor éxito en las primeras décadas del siglo XX, es hoy apenas recordada por dar nombre a un teatro de la capital y por unos versos de uno de sus personajes, célebres: “¡Nunca traiciones / hizo esta espada, pero está partida; / con ella rota, rota va mi vida; / ¡disponga el Cielo de mi suerte ahora! / ¡España y yo somos así, señora!”; el famoso final de acto de En Flandes se ha puesto el sol, precisamente la última obra de este autor que tuvo un recorrido, en 1961, en el Teatro Español de Madrid, con dirección de José Tamayo. Su teatro, que hoy puede sonar como algo anticuado, falso, cursi, grandilocuente… fue en las primeras décadas del siglo pasado un referente de la literatura modernista y un tesoro codiciado por los intérpretes más importantes de la época. Aún mantendría un lugar preeminente hasta los años cuarenta, pero ya entonces su presencia en los escenarios se debía más al homenaje al gran poeta del pasado que al favor del público. La desaparición absoluta de las carteleras a partir de los años sesenta nos habla de una literatura que soportó mal el paso del tiempo.
Pero volvamos a hace noventa años, cuando Margarita Xirgu obtenía un éxito apoteósico en el estreno de La ermita, la fuente y el río. El estreno tuvo lugar el 10 de febrero de 1927 en el Teatro Fontalba de Madrid, el elegante local de mil doscientas localidades abierto en la Gran Vía pocos años antes, con todo tipo de comodidades.
“El público, presa de interés y de emoción, se entregó totalmente desde los primeros momentos. Los aplausos sonaban continuamente, las escenas se interrumpían varios minutos, hasta que aparecía Marquina y al final de todos los actos las ovaciones eran estruendosas y el telón se levantó innúmeras veces.” Así los contaba Floridor, el crítico del diario ABC. “Al terminar la obra, el homenaje del público adquirió caracteres de apoteosis. Entre una ovación clamorosa y bravos que partían de todas partes, el gran poeta saludaba solo en el centro de la escena, hasta que se vio obligado a dar las gracias con frases veladas por la emoción.”
La compañía, encabezada por Margarita Xirgu, contaba con Carmen Carbonell, Rosa Gorostegui, Pascuala Mesa, Lola Valero, Julia Pachelo, Pilar Muñoz, María Gil Quesada, Amelia Muñoz, Alfonso Muñoz, Luis S. Torrecilla, Francisco López Silva, Fernando Fresno, Salvador Marín de Castro, Antonio Alarma, Elías Sanjuán y Fernando Porredón.
Algunos críticos han establecido relaciones entre la obra de Marquina y la de Federico García Lorca, en especial entre este drama y los dramas rurales de Federico. Luis García Montero nos recuerda en su libro Un lector llamado Federico García Lorca que Marquina y Lorca ya se conocían desde antes de su primer viaje a Madrid, y que en 1919 fue su anfitrión en el primer viaje de Lorca a la capital y fueron juntos a ver un drama de Benavente. Marquina influyó para que Margarita Xirgu aceptase leer una obra de aquel joven poeta titulada Mariana Pineda, lo que fue el inicio de una de las relaciones más fructíferas de la historia de nuestro teatro.
Un teatro pasado que influyó en el más grande de nuestros poetas. Algo tendría, se puede pensar. Para quien quiera salir de dudas, en este enlace puede leer la obra y formar su propia opinión: https://archive.org/details/laermitalafuente3357marq