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Extracto de la noticia publicada en Madridiario.es , el 12.6.2019.
Adiós a Justo Alonso

Justo Alonso con Alejandro Casona. (Foto: Archivo de Salvador ColladoArchivo

Adiós a Justo Alonso

El productor Justo Alonso ha fallecido en Madrid a los 93 años. Llevaba casi veinte años retirado de la escena.

Justo Alonso empezó a trabajar en teatro como actor gracias a que Tamayo se fijó en él durante unas actuaciones de su compañía en León. Justo ya figuraba como actor en la Lope de Vega durante la temporada 1948-1949 junto a primeras figuras como Carlos Lemos, Asunción Balaguer y Alfonso Muñoz. También trabajó en esos años en la compañía del teatro Infanta Isabel. Pero enseguida decidió que lo suyo no era estar encima de un escenario, sino detrás. Fue gerente de Tamayo cuando se reabrió el teatro de la Zarzuela tras la compra por la Sociedad General de Autores y en la década de los sesenta ya figuró como productor de las compañías de Tina Gascó y José Bódalo, de Vicente Parra, de Fernando Fernán Gómez… Fueron los años de Paso a nivel, de Armiñán, Cherí, La sonata a Kreutzer… El año 1966 contrajo matrimonio con Conchita Agüero, su compañera hasta que una cruel enfermedad terminó con su vida.

Alonso como productor tuvo varias alianzas profesionales a lo largo de su carrera. Estuvo junto a Fernando Collado, uno de los promotores más importantes de la primera mitad del siglo XX. Pero durante gran parte de su carrera profesional estuvo asociado con Andrés Kramer, empresario del teatro Marquina. (…)

Algunas de sus alianzas profesionales fueron sumamente rentables, como la establecida con el actor Pedro Osinaga. En 1975 estrenaron ¡Sé infiel y no mires con quién!, que se mantendría en cartel durante casi quince años. Al llegar la etapa que conocemos como del destape, produjo un espectáculo titulado aquí ¡Ven a disfrutar! (Let me people come) por el que él y Jaime Azpilicueta, como director, fueron arrestados por la policía.

También se arriesgó a apostar por nuevos autores con excelentes resultados muchas veces. Fue el caso de La taberna fantástica (1985), un texto de Alfonso Sastre que sostuvo contra viento y marea tras unos comienzos ruinosos. Después se eternizaría en las carteleras. De allí salió Rafael Álvarez El brujo. Ese mismo año estrenó Bajarse al moro, de José Luis Alonso de Santos y fue otro río de dinero.

(…) En la última década del siglo pasado logró poner en pie montajes reconocidos por crítica y público: Cristales rotos (1995), Tres mujeres altas (1995) y El embrujado (1996). A pesar de que en ese momento ya las producciones privadas habían dejado atrás los lujos, se permitió contratar a dieciséis actores para la obra de Valle y en un teatro de aforo tan reducido como el Lara. Todavía en 1999 volvió a montar ¡Sé infiel…!, al que seguirían La canasta (2001) y Réquiem por un soltero, el último espectáculo suyo del que tengo noticias. (…)

(Antonio Castro)