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Extracto de la noticia publicada en La Razón , el 1.4.2017.
'Hablando (último anuncio)', homenaje y denuncia en el CDN

Foto: marcosGpunto (CDN)

'Hablando (último anuncio)', homenaje y denuncia en el CDN

Irma Correa crea un texto centrado en «las mujeres maltratadas que son inducidas al suicidio»

[...] Hablando (último aliento), un texto a mitad de camino entre la denuncia y el homenaje a «cientos de mujeres que están atadas a una realidad que las aísla y las destruye, que las silencia y las arrincona. Que las agota», explica la autora.  […] Un texto creado para todas, aunque, dentro del horror, Correa se centra en un caso concreto. [...], el de «las mujeres maltratadas que son inducidas al suicidio», continúa. Personas llevadas al límite y doblemente calladas: por el suicidio, «que sigue siendo un tema tabú», y por una violencia machista que las hace pequeñas. Ahí comienza la lucha de la dramaturga: «Lo cierto es que la mujer maltratada que, dentro de su infierno, no encuentra otra salida que quitarse la vida no tiene voz en los medios –habla Correa–. Pasan a ser una cifra más en el cómputo de personas suicidadas. Y es aquí donde empieza la injusticia de estas mujeres que no han querido hacerlo, sino que han sido arrastradas hasta ese punto». Como si se las enterrara en un ataúd que no las corresponde. «Mientras, el agresor queda impune, nadie le persigue, nadie le culpa, nadie le juzga. No habría ni que decir violencia de género, que casi lo suaviza, sino asesinato directamente», apunta.

Son los motivos por los que Irma Correa se lanzó a levantar Hablando. Una pieza que comienza con dos mujeres sobre el escenario, un sótano que ahoga. Ambas intentan dominarse. Una parece llevar la voz cantante, es la secuestradora. Otra, atada en una silla de pies y manos. Sin embargo, los papeles parecen invertidos. La que debería ser fuerte, por tener el control de la situación, está desubicada, parece frágil e insegura. No sabe muy bien qué hacer, como si alguien le hubiera puesto ahí. No hace más que suplicar un motivo para matar a quien tiene enfrente. Ni siquiera necesita que sea grande, basta con que sirva de excusa. La presa sí es fuerte, sí tiene ganas de vivir, pero no puede escapar. Está en una cárcel sin salidas. [...]
Es la lucha de Correa y Amestoy por hacer visible lo invisible, darle la vuelta a una situación que, dicen, no se refleja en los medios. El trabajo de campo con diferentes asociaciones les ha llevado a meterse hasta el fondo de una denuncia «que la gente no entiende. No es fácil comprender que alguien no quiere vivir. Todos los implicados nos transmitían la misma preocupación: la soledad de las víctimas. Muchas mueren sin compartir su angustia con los suyos porque la primera reacción ante el maltrato es la incredulidad ante unos maltratadores que fuera de casa son personas encantadoras», explican sin entrar en valoraciones, «porque no somos nadie para juzgar el sentido de la vida de alguien al que han llevado al límite», cierra Correa. (Julián Herrero)