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Efemérides

Ignacio Sánchez Mejías, dramaturgo.

Teatro Calderón de Madrid, 31.3.1928
Ignacio Sánchez Mejías, dramaturgo.
Mariquita Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero protagonizaron en 1928 'Sinrazón' de Sánchez Mejías.

Hijo de un médico, de familia acomodada, de carácter inquieto. Ignacio Sánchez Mejías fue torero famoso por temerario. Triunfó como torero, pero era algo más: le interesó la literatura y financió un encuentro de poetas en Granada para celebrar el aniversario de Góngora. Sí, la célebre fotografía de la generación del 27 tuvo detrás a Sánchez Mejías como mecenas. Se cansó del toreo, fue presidente del Betis, escribió teatro… En 1934 decidió volver a torear y murió corneado en la plaza de Manzanares, en Ciudad Real. Tenía 43 años. Dicen que buscó la muerte. La elegía que escribió Federico García Lorca, "A las cinco de la tarde. / Eran las cinco en punto de la tarde…” lo convirtió en inmortal.

Fue todo eso. También fue un dramaturgo de la generación del 27, hoy incluido en las antologías de autores de vanguardia. Escribió cuatro obras, que fueron reunidas en un volumen en 1976 y reeditadas en 1988 por Espasa Calpe – libro que se puede encontrar en nuestra Biblioteca –, tituladas Sinrazón, Zaya, Ni más ni menos y Soledad.

El 23 de marzo de 1928 tuvo lugar en el Teatro Calderón de Madrid el primer estreno de Ignacio Sánchez Mejías como dramaturgo: Sinrazón. Hemos escrito “autores de vanguardia”: la crítica de aquellos días marcaba la obra con referentes como Sigmund Freud o Luigi Pirandello, cuyo Seis personajes… se había estrenado apenas en 1921. El asunto de Sinrazón, de hecho, tiene que ver con Enrique IV, de 1922: un manicomio en el que se crea una fantasía para que quien se cree reina viva como tal. “Con sobrio estilo, desembarazado de toda afectación, acierta a transmitirnos la profunda y lacerante emoción de aquellas vidas sin timón y sin brújula, que en la sublimidad de su locura, gobiernan su reino imaginario con damas de la corte y altas dignidades eclesiásticas. (…) De la arriesgada prueba, en la que muchos hubieran fracasado, salió victorioso Sánchez Mejías, al que acompañó el éxito más pronunciado y entusiasta, revelador de un dramaturgo de positiva originalidad y temperamento, del que hay derecho a esperar jornadas tan beneficiosas en su sentido renovador, como la de anoche en el Teatro Calderón”, comentaba Floridor para el diario ABC. Por su parte, Díez Canedo, más cauto, afirma en El Sol “Hay en su autor, más que un dramaturgo, la posibilidad de un dramaturgo”. El crítico de El Sol – periódico que no hacía crónica taurina, como un signo ideológico – menciona el pasado como torero de Sánchez Mejía como algo beneficioso para su formación: “Confiesen que el haber matado toros con aplauso de las muchedumbres ya es buen aprendizaje dramático. Un espada es algo así como un especialista en actos terceros, la especialidad que menos abunda en el teatro. Los trágicos griegos daban a representar sus trilogías inmortales. Cada corrida es como una hexalogía, compuesta de seis dramas en tres actos. Esquilo es Belmonte. Sánchez Mejías bien pudiera ser Eurípides. Ojalá lo fuera en el terreno que ahora pisa con tan firme pie. Su juguete trágico – me agrada la denominación a un tiempo desencopetada y altiva – tiene, ante todo, brío, desenfado, acometividad gallarda.”

La compañía que hacía temporada en el Calderón era la Guerrero -Díaz de Mendoza: la de sus herederos, ya que doña María había fallecido en enero de este 1928. La obra fue protagonizada por los hijos de María Guerrero: Fernando y Carlos, y por su sobrina, Mariquita Guerrero López, que estaba casada con Fernando. Completaban el reparto Socorro González, Joaquina Almarche, Margot Casado, Josefina Taboada, Carlos Casterot, Ricardo Juste, Angel Ortega, Fausto Montojo, Gabriel Algara, Mariano Alonso y José Capilla. La escenografía, en línea con la vanguardia en la que se había integrado Sánchez Mejías, fue obra de Fernando Mignoni Monticelli, artista italiano que había conocido a María Guerrero en Argentina y con ella llegaría a España para ocuparse del diseño de sus decorados; a partir de 1930 comenzaría a trabajar como decorador para el cine, en Madrid y en Hollywood, contratado por Metro-Golwyn-Mayer. A su regreso a España, en 1934, seguiría trabajando en el cine durante más de una década como decorador, director y guionista.

De las cuatro obras de Ignacio Sánchez Mejías, dos no han llegado a subir a los escenarios. De las otras dos, no tenemos noticia de ninguna puesta en escena desde sus estrenos en marzo y agosto de 1928. Insistimos, se pueden leer en nuestra biblioteca. Para estimular la curiosidad del lector, copiamos la primera frase de Sinrazón, una cita de Nietzche: “Aquello que vivimos en sueño, siempre que lo vivamos con frecuencia, pertenece, al fin y al cabo, a la totalidad de nuestra alma, como cualquier cosa realmente vivida”.