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Efemérides

Nace el Centro Dramático Nacional

Madrid, 15.11.1978
Nace el Centro Dramático Nacional
Adolfo Marsillach anunciaba en noviembre de 1978 el proyecto y la primera temporada del CDN

Nuestra historia se escribe en grandes volúmenes ilustrados y con su imprescindible bibliografía y notas al margen; pero, a veces, también se deja oír en pequeños documentos sin importancia aparente. En el otoño de 1978 se iba a producir un cambio fundamental en la cultura española: la puesta en marcha del Centro Dramático Nacional, que dejaba atrás al Teatro Nacional que había surgido en 1939 imbricado con el Teatro Nacional de Falange. Este Centro Dramático Nacional, diseñado por uno de los grandes transformadores del teatro español del último medio siglo, el barcelonés Adolfo Marsillach, se adelantaba a las bases que fundarían algunos años más tarde el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, organismo que liquidaría el antiguo formato de Teatros Nacionales y Festivales de España.

¿Qué era, qué pretendía ser, ese nuevo Centro Dramático Nacional que estaba a punto de abrir su primera temporada? Este programa de avance de temporada nos ofrecía cumplida información:

“El Centro Dramático Nacional tiene como objetivo cultural la constante presencia en la escena española de las obras más importantes de nuestro teatro y de las más significativas del teatro universal, que constituyen su repertorio, además del estreno de obras de autores españoles y de la representación de textos sobresalientes del teatro extranjero contemporáneo. En la realización de este objetivo el Centro aspira a ser un exponente de máxima calidad de nuesto teatro profesional.

Como unidad funcional, el Centro tiene un director con su secretaría técnica, una Junta Técnica consultiva con su Comité de Lectura, un departamento de Animación Cultural y un Taller de Estudio y Perfeccionamiento para los profesionales integrados en el Centro.

El Centro Dramático funciona en Madrid a través de dos salas, los teatros María Guerrero y Bellas Artes.

Para el desarrollo de sus actividades artísticas, cuenta con una extensa compañía permanente de actores, que actúan indistintamente en cada una de las dos salas.

Los miembros de la Junta Técnica Consultiva ejercitan su misión mediante la información, el señalamiento de la oportunidad de las obras, la aportación de iniciativas, el juicio de actividades y, especialmente, orientando el trabajo del Comité de Lectura y opinando sobre cuantas cuestiones le sean solicitadas. La Junta se reúne necesariamente, como mínimo, una vez por semana. En el ámbito de la Junta funciona un Comité de lectura con una misión informativa. Este Comité realiza una primera selección de obras de posible representación, bien por su propia iniciativa o por encargo de la Junta y, especialmente, en relación con el estreno de obras españolas que no sean de repertorio.

Para la puesta en escena de cada obra, es seleccionado un director, que es el responsable artístico del espectáculo confiado a él para su realización.

El Centro cuenta con un ayudante de dirección escénica por cada una de las dos salas. Los ayudantes se ocupan de la asistencia a los directores en los montajes y de la vigilancia y el respeto a los cuadernos de dirección en las representaciones. Cada director escénico tiene la obligación de confeccionar con todo detalle un cuaderno de dirección a los efectos de conservación de la fidelidad del montaje y del repertorio a los fines de su posible reposición.

Existe en el Centro un Departamento de Animación Cultural común a las dos salas, el cual desarrolla un complejo de funciones encaminadas a la plenitud de audiencia en los teatros del Centro.

La sala “María Guerrero” funciona en sistema de repertorio basándose en la creación de obras importantes del teatro clásico y moderno, tanto español como extranjero.

La sala “Bellas Artes” se dedica primordialmente al teatro contemporáneo y principalmente al estreno y promoción de obras de autores españoles. Los espectáculos presentados por esta sala quedan disponibles para su utilización comercial al finalizar el periodo de su programación.

El Centro cuenta con un taller de estudio dedicado al entrenamiento y perfeccionamiento de sus actores y personal especializado. En esta labor de auxiliares de la actividad profesional aplican nuevas técnicas del arte teatral, que son investigadas en España y en el extranjero.

El Centro Dramático Nacional es una iniciativa de la Dirección General de Teatro del Ministerio de Cultura y está integrado en el “Organismo Autónomo Teatros Nacionales y Festivales de España”. Se rige por unos estatutos que reglamentan su creación y funciones, que ha sido elaborado con la asesoría de un comité técnico de profesionales que intervino activamente en la discusión de su articulado.”

Toda una declaración de intenciones. Como lo fue también la programación que se adelantaba en aquel folleto. La programación comenzaba en noviembre y ofrecía para la temporada tres obras en cada una de las sedes:

En el Teatro María Guerrero, Noche de guerra en el Museo del Prado, de Rafael Alberti, con dirección de Ricard Salvat; El proceso, de Franz Kafka, dirigido por Manuel Gutiérrez Aragón; y Abre el ojo, de Francisco de Rojas Zorrilla, dirigido por Fernando Fernán-Gómez.

En el Bellas Artes, Bodas que fueron famosas del pingajo y la fandanga, de José María Rodríguez Méndez, dirigida por José Luis Gómez; Retrato de dama con perrito, de Luis Riaza, con dirección de Miguel Narros, y Sopa de pollo con cebada, del británico Arnold Wesker, dirigida por Josep Maria Segarra y Josep Montanyes.

Eran otros tiempos para muchas cosas: Las entradas más caras costaban 250 pesetas y las más baratas, 50. Había descuentos para grupos de más de cuarenta personas. Se podían comprar las entradas hasta con cinco días de anticipación. Se marcaba un día de descanso diferente en cada sala (los lunes para el María Guerrero y los miércoles para el Bellas Artes. Se hacía doble función los viernes y sábados.

Vale la pena recordar los nombres de las personas que acompañaban a Marsillach en ese proyecto. Francisco Melgares y Joaquín Vida eran sus ayudantes de dirección. Salbi Senante se ocupaba de la secretaría. Alfredo Mora era el secretario técnico. Había una junta técnica consultiva integrada por Ricardo Doménech, Eduardo Haro Tecglen y Francisco Nieva y un comité de lectura en el que participaban Alberto Miralles, Manuel Pérez Estremera y Juan Germán Schroeder. Justo Alonso se ocupaba de la animación cultural. Se creó un taller de perfeccionamiento para actores en el que trabajaron Pilar Francés, Miguel Narros y Marta Schinca.