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Extracto de la noticia publicada en El País , el 5.7.2018.
Carlos Hipólito recibe el Premio Corral de Comedias

Carlos Hipólito (Foto: Daniel Alonso / CDT)

Carlos Hipólito recibe el Premio Corral de Comedias

El actor recibe el Premio del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro cuando cumple cuarenta años de profesión.

Sorprende escuchar de una de las voces más hermosas de la escena en España confesar que durante muchos años ha odiado ese timbre. “Me parecía horrible. Yo quería tener una voz profunda, muy de hombre, algo así como la de Constantino Romero. Curiosamente y para mi sorpresa, mi voz se ha convertido en una de las señas de mi trabajo, valorada y apreciada por mucha gente”. La naturalidad de ese don inolvidable ante la palabra hablada o cantada va acorde con su persona. Es Carlos Hipólito hombre de pocos miramientos y nula pedantería. No pierde ni un minuto en pensar en su trayectoria profesional y regodearse en un pasado de éxitos. Cuando se cumplen 40 años desde que pisó por primera vez un escenario profesionalmente —se estrenó con Así que pasen cinco años, de Lorca— Carlos Hipólito (Madrid, 1956) recibe hoy el Premio Corral de Comedias del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro (primera edición que dirige Ignacio García), por “su enorme rigor en el trabajo y su cuidado exquisito de la palabra”, entre otras cosas. “Me asombra este premio porque de verdad tengo la sensación de que he empezado anteayer y que cada cosa que hago es la primera. Hace casi quince años que no hago teatro clásico. Me quedé un poco perplejo, aunque me llenó de alegría la sensación de pensar que aquello que hice en el pasado ha dejado un buen recuerdo”, asegura. Hipólito debutó en los escenarios de Almagro en 1979 con La dama boba, de Lope de Vega. “Para un actor, en el teatro clásico se encuentra todo. El material es magnífico. Los grandes personajes están bien construidos, vivos, con unas líneas de pensamiento muy claras, siempre enfrentados a situaciones de riesgo y emociones enormes. A esto hay que añadir la buena construcción dramatúrgica de las historias y la belleza del verso”. Cuando habla del verso, el intérprete se dispara. “El verso es una pista de despegue maravillosa para volar. El actor que hace teatro clásico tiene que saber bien que el verso es la forma natural de expresarse, que los personajes hablan en verso porque piensan en verso. El texto tiene que sonar normal, natural. Paladear las palabras que se esconden detrás de los versos es de los mayores placeres para un intérprete”. (…)

(ROCÍO GARCÍA. Madrid)