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Extracto de la noticia publicada en La Razón , el 25.1.2019.
Israel Elejalde dirige «La resistencia», de Lucía Carballal

La escritora Lucía Carballal

Israel Elejalde dirige «La resistencia», de Lucía Carballal

La obra de Lucía Carballal surgida con la I Beca del Pavón Kamikaze llega a los escenarios de Canal

En la misma línea sobre la que la escritora romántica Amantine-Aurore Lucile Dupin –nombre real de George Sand (1804-1876)– firmaba aquello de «no ames a quien no admires» y «el amor sin admiración es solo amistad», Lucía Carballal (Madrid, 1984) se obsesionaba con una pregunta: ¿cuál es la relación entre amor y admiración? «En distintos momentos de mi vida, en relación a las parejas que he tenido e incluso hablando con mis amigos, he sentido la necesidad de ahondar en cómo se relacionan estos dos conceptos», cuenta una dramaturga que levantó el texto, «La resistencia», impulsada por la I Beca de Dramaturgia Contemporánea del Pavón Kamikaze –compartida con Antonio Rojano–. Fue por ello que Israel Elejalde (Madrid, 1973) llegó de los primeros a la pieza y «al día siguiente de entregarlo –recuerda Carballal– me llamó: “Lo he leído y tengo que dirigirlo. Haz lo que quieras, pero yo quiero hacerlo”, me dijo». Así que la autora encantada, «me generaba mucha curiosidad que se hiciera cargo». Así surgió un montaje que, sorprendentemente, llega ahora a los escenarios de Canal (Sala Verde) para su estreno. (…) Una pieza en la que la autora se cuestiona «hasta qué punto es necesario admirar para amar o cómo de importante es la admiración de tu pareja para poder estar en el mundo, si es posible estar en una relación en la que no sientes que la otra parte te admira profesionalmente», explica la madrileña.  Mónica (Mar Sodupe) y David (Francesc Garrido), ambos escritores, han sido amantes durante mucho tiempo, pero ha llegado la hora de oficializar su situación «a pesar de que existan diferencias entre las dos posturas», aclaran. Él se siente cómodo en su vida profesional y personal, solo le importa que la quiere y que van a iniciar una nueva etapa juntos. No hace falta hablar nada más para este autor de éxito –reconocimiento que no posee Mónica–. No cree necesario poner las cartas sobre la mesa. Sin embargo, es lo contrario al pensamiento de ella, que intuye que debajo de toda esa apariencia de relación feliz y equilibrada se esconde una mirada de una sutil superioridad. Por ello Mónica se sienta frente a David y le obliga a decirse las cosas a la cara. «Incluso a riesgo de que eso transforme la relación», apunta Carballal. «Necesita hablar porque siente que esa mirada desequilibrada está haciendo mella en ella, en su carrera y en la relación». Una situación que se hace eco del feminismo «inevitablemente», confiesa la autora, que reconoce que no era su prioridad durante la escritura: «Los dos personajes se preguntan si esta mirada tiene que ver con el movimiento que existe en la calle, pero lo interesante es que cada uno lo interpreta a su manera. David considera que la situación, su éxito, no tiene nada que ver con ser un hombre, aunque Mónica no está tan segura. Para una mujer es difícil discernir qué parte de responsabilidad tiene su género en el devenir de su profesión, ni de cuál es la responsabilidad de un sistema injusto» (…) Se resisten Carballal y Elejalde a no incomodar con su teatro. (…)

(Julián Herrero - Madrid)